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CENTRO CONCERTADO JUAN XXIII CHANA

Conoce Juan XXIII Chana

Un colegio de la Institución Juan XXIII que, desde 1966, educa en valores en el barrio de La Chana y quiere que cada familia se sienta en casa.

  • Desde 1966
  • La Chana, Granada
  • Formación integral
Alumnado de Educación Infantil de Juan XXIII Chana trabajando en clase
Fachada del colegio Juan XXIII Chana con su mural

Desde 1966

Nuestra historia

Nuestro centro pertenece a la Institución Juan XXIII de Granada y es el segundo de los tres colegios fundados por el sacerdote D. Rogelio Macías Molina. Inició su andadura en 1966 y desde entonces han pasado por nuestras aulas miles de estudiantes que hoy son profesionales en todos los ámbitos, en Granada y en el mundo entero.

Ofrecemos desde Educación Infantil de 3 años hasta Bachillerato, además de un Ciclo Formativo de Grado Básico en Electricidad y Electrónica. Hacemos de la educación en valores nuestra seña de identidad: queremos formar personas íntegras a nivel intelectual, humano y espiritual, y que todo el que llega al centro se sienta en familia.

Desde nuestros inicios contribuimos al desarrollo sociocultural de La Chana, Bobadilla y Alquerías, y colaboramos con las administraciones y asociaciones del barrio y con ONG como ACOES, con la que apadrinamos a niños en Honduras. En 2017, el Ayuntamiento de Granada nos otorgó la Granada de Plata en reconocimiento a 50 años de labor.

Nuestro fundador

Rogelio Macías Molina

Rogelio Macías Molina (1921-2009) fue un sacerdote nacido en Íllora que dedicó su vida a los niños y jóvenes con necesidades especiales. Fue Rector de las Escuelas de Magisterio del Ave María antes de fundar la Institución Juan XXIII en 1964, con la que creó tres centros educativos en las zonas más deprimidas de Granada.

Vivió pobremente y con discreción, entregando su vida, su talento y su esfuerzo a los jóvenes desde el amor incondicional y una profunda fe. Su obra ha dejado una huella difícil de borrar en los educadores y alumnos que han pasado por sus centros.

Más sobre nuestro fundador
Don Rogelio Macías Molina, fundador de la Institución Juan XXIII
Carta de una alumna Querido don Rogelio María, alumna de nuestro centro, dedica esta emotiva carta a don Rogelio Macías, fundador de los centros Juan XXIII en Granada, cuya obra sigue viva en cada aula y en cada familia. Leer la carta

Institución Juan XXIII

Cartuja, Chana y Zaidín: tres colegios nacidos de una misma fundación.

Nuestra Institución

En los años 60, los barrios del Zaidín, la Chana y el Polígono de la Cartuja tenían pocos colegios y miles de niños se quedaban sin una educación adecuada. Don Rogelio y un grupo de amigos crearon una fundación benéfico-docente, aprobada por el Ministerio de Educación, y construyeron tres centros en los barrios más necesitados.

  • Zaidín, en 1964.
  • Chana, en 1966.
  • Cartuja, en 1968.

Su nombre rinde homenaje al Papa Juan XXIII, que inspiró a Don Rogelio por su legado en la Iglesia.

Historia de la Institución

Nuestro ideario

La Institución Juan XXIII atiende las necesidades educativas de la periferia de Granada con una educación integral de calidad. Como escuela católica, educa desde la perspectiva humanista cristiana, con un modelo liberador, solidario, crítico, comprometido con la justicia, comunitario y abierto a la trascendencia. Sus principios básicos son:

  • Formar cristianamente.
  • Respetar la pluralidad.
  • Fomentar el hábito y el comportamiento democrático.
  • Potenciar la personalidad de los alumnos y sus capacidades creativas, con espíritu crítico y constructivo.
Leer el ideario

Equipo directivo

Quienes dirigen Infantil y Primaria, y Secundaria, Bachillerato y FP.

Conoce a todo el equipo

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Escríbenos o llama a Secretaría y te responderemos lo antes posible. También puedes acercarte al centro en horario de atención.

958 20 01 62 colegio@juanxxiiichana.org C/ Pintor Rafael García Bonillo, 1. 18015 Granada
Mapa de situación del colegio Juan XXIII Chana en C/ Pintor Rafael García Bonillo, 1, Granada. Pulsa para ver cómo llegar.
Mapa © OpenStreetMap

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Condiciones*

Carta de una alumna

Querido don Rogelio…

Por María Sorlózano Castro

Querido don Rogelio:

Sesenta y dos años han pasado ya desde que tuvo un sueño y hoy me dirijo a usted sin esperar respuesta alguna; le escribo aun sabiendo que no leerá mi carta. Y, con todo, me dirijo a usted porque, aunque este escrito nunca alcance su destino primero, espero con él alcanzar el destino verdadero: los corazones de aquellos que lo conocieron y también los de aquellos que nunca tuvimos tal placer.

Todo comenzó, como comienzan las historias grandes, con un sueño. Ver a tantos niños pasar las mañanas en las calles, con el estómago vacío y la esperanza aún más vacía, conmovió su corazón. La necesidad de ayudarlos se convirtió en una urgencia que no le permitió permanecer indiferente y no paró hasta conseguirlo. Fue en el barrio del Zaidín donde dio comienzo una historia que aún hoy estamos construyendo. Colocó entonces la primera pieza del puzle al levantar aquel primer colegio al que dio por nombre Juan XXIII en memoria del pontífice que honda huella dejó en su espíritu. Su sueño descendía entonces del mundo informe de las ideas para revestirse de realidad y poder ser llamado “proyecto”, ya no más un simple sueño. A esta primera, le siguieron otras dos piezas: los colegios de la Chana y la Cartuja abrieron sus puertas a los pequeños de estos barrios castigados por la pobreza. En los tres centros no solo se educaba a los alumnos en letras y números, sino también –y sobre todo– en los valores cristianos que usted portaba con firme y serena convicción.

Empezaron aquellos barrios a salir de la pobreza que los oprimía; pasaron los años y los colegios crecieron más allá de cuanta imaginación alguna hubiera logrado prever en sus comienzos. Y aunque apenas hubiesen transcurrido unos años, en el puzle podía ya vislumbrarse una figura, aun estando más cerca del origen que del final; cada profesor y cada alumno se tornaba una pieza más que encajaba con las anteriores. Esta fue la época en que nuestros padres empezaron a cruzar estas puertas abriendo el camino que nosotros, las generaciones actuales, seguiríamos tras sus pasos. También a los profesores que me rodean usted los conocía bien, pues el que no fue alumno, ya enseñaba aquí por aquellas fechas. La institución Juan XXIII dejó de ser mero proyecto para convertirse en algo más: una familia.

Hoy, pese al paso inexorable del tiempo, los tres colegios siguen manteniendo la esencia que usted imprimió antes de su partida. Persisten los mismos valores y, aunque este puzle crezca y se multiplique, la imagen última continúa incompleta. Cada cual que reciba estas palabras –las lea o las oiga– es ya partícipe de esta familia.

Si me permite contarle algo sobre mí, le diré que pertenezco a aquellas personas que han crecido entre estos muros desde los tres años. Era yo apenas conocedora del mundo que me rodeaba cuando crucé por vez primera ese umbral siguiendo los pasos de mi hermano y mi madre. Mas, por razones que no alcanzo a comprender, nunca llegué a compartir siquiera un segundo con usted. Pocas semanas antes de que yo viera la luz fue que entregó usted su último aliento. Por ello, y no por mero compromiso, le escribo esta carta. Cuanto he referido no es sino lo que usted vivió aquí, en estos tres centros, pero sin ello nada de lo que hoy somos habría sido posible. Sin usted no hubiera habido sueño; sin sueño, proyecto; sin proyecto, institución; y sin institución, familia.

Hoy su sueño ya no es sueño, sino obra viva; no es promesa, sino realidad en marcha; es el puzle del que todos nosotros formamos parte: alumnos y profesores, padres y personal no docente, antiguos, presentes y aún futuros. Todos somos custodios del legado que usted nos confió con su partida.

Firmado,

María, heredera y testigo de los sueños que usted sembró.