
En el Colegio Juan XXIII Chana en Granada, tenemos muy presente que la educación es mucho más que aprender de libros y hacer exámenes. Junto con vosotros, los padres, nos esforzamos por inculcar valores éticos importantes en nuestros alumnos. En este sentido, la religión a menudo juega un papel importante, guiándonos y ayudándonos a enseñar valores como la tolerancia y la consideración hacia los demás. Por este motivo, en este artículo vamos a hablaros de los valores religiosos, es decir, esos principios religiosos que ayudan a dar forma a nuestras vidas tanto dentro como fuera del aula.
Tabla de contenidos
Los valores religiosos son las normas y principios que una determinada religión considera importantes y que sus seguidores deben respetar, promulgar y poner en práctica. Estos valores guían el comportamiento de un individuo, orientándolo hacia formas de actuar que son moralmente correctas según su creencia. Cada religión tiene su propio conjunto de valores, aunque a menudo se pueden encontrar similares entre una y otra.
Para ilustrarlo, consideremos el valor religioso del respeto hacia el prójimo. Este es un principio que se puede encontrar en muchas religiones. Por ejemplo, en el cristianismo, se enseña a «amar a tu prójimo como a ti mismo». Este valor religioso no solo guía a los individuos a tratar con amabilidad y comprensión a quienes les rodean, sino que también insta a respetar las creencias y culturas de los demás, promoviendo de esa manera la tolerancia y la convivencia pacífica.
Los valores religiosos son una guía esencial de principios éticos y morales que se pueden identificar a través de varias características, algunas de las cuales describimos a continuación:
Estas características no solo son específicas de las personas religiosas, sino que también pueden adoptarse y respetarse para contribuir a una sociedad más armoniosa e inclusiva. Pasemos ahora a ver un listado no exhaustivo de valores religiosos, muchos de los cuales tenemos muy presente en Juan XXIII Chana.
Veamos ahora una lista detallada de los valores religiosos más importantes que se enseñan a través de religiones como el Cristianismo:
En Juan XXIII Chana, nos comprometemos de lleno con la educación integral de nuestros estudiantes, enfocándonos no solo en el aspecto académico, sino también en la formación en valores humanos y religiosos. Reconocemos la importancia de estos valores en la construcción de la personalidad y la conducta de nuestros alumnos. Por ello, promovemos activamente su aprendizaje y práctica, tanto en el aula como en casa. Gracias a la estrecha colaboración con las familias, logramos un enfoque coherente y sólido en la enseñanza de estos valores, permitiendo a los estudiantes crecer en un entorno coherente que alienta su desarrollo integral.

A continuación, os dejamos algunas de nuestras citas favoritas en las que e ilustra la importancia de estos valores que hemos comentado más arriba:
“No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.”
Jesús de Nazaret
“Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
Jesús de Nazaret
«Haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti.»
Jesús de Nazaret
«El que perdona una ofensa busca amistad; el que insiste en ella aleja a su amigo.»
“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.”
San Pablo
“La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
San Pablo
«Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor.»
San Juan de la Cruz
«Aquel que tiene fe, nunca está solo.»
Thomas Carlyle
‘Mi religión es muy simple. Mi religión es la bondad.’
Dalai Lama
«El amor es la mayor de las virtudes, y abarca todas las demás.»
Agustín de Hipona
«No hay mayor religión que la humildad.»
Leon Tolstoi
“El perdón es una virtud de los valientes” – Indira Gandhi
“El perdón es la mejor venganza porque desarma al enemigo, lo convierte en amigo y te permite seguir adelante sin rencor”
Robin Sharma
Los valores religiosos son aquellos que desempeñan un papel sustancial en nuestra vida y en la sociedad al proporcionar un marco ético y moral, inspirando actitudes y conductas adoptadas por las personas. Aunque existen variaciones específicas entre distintas creencias, muchos temas universales como el respeto, la justicia y el amor son compartidos, resistiendo la prueba del tiempo y transmitiéndose de generación en generación. Al profundizar, se aprecia la importancia de los valores religiosos en dos aspectos principales:
En resumen, los valores religiosos son valiosos para moldear a los individuos y a la sociedad, orientando a las personas hacia acciones positivas y una conducta ética, mientras proporcionan un escudo contra la maldad.
En los diferentes ámbitos de vida, podemos identificar distintos tipos de valores, cada uno con sus especificidades. Entre ellos destacan los valores morales, laicos y religiosos, y a pesar de las similitudes que pueden compartir, existen diferencias significativas.
Los valores morales son principios éticos y universales adoptados por las personas según su conciencia y juicio de lo que es justificable y benéfico para los demás. Estos valores no dependen de ninguna religión o credo y están aceptados universalmente, como la honestidad, integridad, y respeto.
Por otra parte, los valores religiosos son aquellos que se originan y están arraigados a una fe o religión específica. Estos principios son adoptados por las personas según la religión que profesan y están intrínsicamente vinculados a las enseñanzas y creencias propias de cada confesión. La fe, la esperanza y la caridad son algunos ejemplos de estos valores que incitan el vínculo de fe que establecen los creyentes con su sistema de creencias.
Los valores laicos, que comparten algunas características con los valores morales, se refieren a aquellos principios y normas que rigen las acciones humanas sin vínculo religioso alguno. Estos valores son independientes de cualquier credo religioso y se centran en el respeto de los derechos y las libertades individuales dentro de una sociedad democrática.
Aunque hay diferencias entre estos tres tipos de valores, todos ellos son transmitidos a través de diferentes canales y contextos, y tienen un fuerte impacto en las percepciones y actitudes de las personas frente a la vida y su convivencia con los otros.
Los valores religiosos funcionan como una brújula ética que orienta nuestra conducta, señalándonos la ruta hacia una vida de rectitud moral. En el colegio concertado Juan XXIII Chana en Granada, nos dedicamos a valorar la relevancia de estos principios, esforzándonos cada día para fortalecer su presencia en nuestra comunidad educativa. Al adoptar y honrar estos valores, reafirmamos nuestro compromiso con la formación de individuos responsables y respetuosos, que sean ciudadanos comprometidos y conscientes de su papel en la sociedad.
Querido don Rogelio:
Sesenta y dos años han pasado ya desde que tuvo un sueño y hoy me dirijo a usted sin esperar respuesta alguna; le escribo aun sabiendo que no leerá mi carta. Y, con todo, me dirijo a usted porque, aunque este escrito nunca alcance su destino primero, espero con él alcanzar el destino verdadero: los corazones de aquellos que lo conocieron y también los de aquellos que nunca tuvimos tal placer.
Todo comenzó, como comienzan las historias grandes, con un sueño. Ver a tantos niños pasar las mañanas en las calles, con el estómago vacío y la esperanza aún más vacía, conmovió su corazón. La necesidad de ayudarlos se convirtió en una urgencia que no le permitió permanecer indiferente y no paró hasta conseguirlo. Fue en el barrio del Zaidín donde dio comienzo una historia que aún hoy estamos construyendo. Colocó entonces la primera pieza del puzle al levantar aquel primer colegio al que dio por nombre Juan XXIII en memoria del pontífice que honda huella dejó en su espíritu. Su sueño descendía entonces del mundo informe de las ideas para revestirse de realidad y poder ser llamado “proyecto”, ya no más un simple sueño. A esta primera, le siguieron otras dos piezas: los colegios de la Chana y la Cartuja abrieron sus puertas a los pequeños de estos barrios castigados por la pobreza. En los tres centros no solo se educaba a los alumnos en letras y números, sino también –y sobre todo– en los valores cristianos que usted portaba con firme y serena convicción.
Empezaron aquellos barrios a salir de la pobreza que los oprimía; pasaron los años y los colegios crecieron más allá de cuanta imaginación alguna hubiera logrado prever en sus comienzos. Y aunque apenas hubiesen transcurrido unos años, en el puzle podía ya vislumbrarse una figura, aun estando más cerca del origen que del final; cada profesor y cada alumno se tornaba una pieza más que encajaba con las anteriores. Esta fue la época en que nuestros padres empezaron a cruzar estas puertas abriendo el camino que nosotros, las generaciones actuales, seguiríamos tras sus pasos. También a los profesores que me rodean usted los conocía bien, pues el que no fue alumno, ya enseñaba aquí por aquellas fechas. La institución Juan XXIII dejó de ser mero proyecto para convertirse en algo más: una familia.
Hoy, pese al paso inexorable del tiempo, los tres colegios siguen manteniendo la esencia que usted imprimió antes de su partida. Persisten los mismos valores y, aunque este puzle crezca y se multiplique, la imagen última continúa incompleta. Cada cual que reciba estas palabras –las lea o las oiga– es ya partícipe de esta familia.
Si me permite contarle algo sobre mí, le diré que pertenezco a aquellas personas que han crecido entre estos muros desde los tres años. Era yo apenas conocedora del mundo que me rodeaba cuando crucé por vez primera ese umbral siguiendo los pasos de mi hermano y mi madre. Mas, por razones que no alcanzo a comprender, nunca llegué a compartir siquiera un segundo con usted. Pocas semanas antes de que yo viera la luz fue que entregó usted su último aliento. Por ello, y no por mero compromiso, le escribo esta carta. Cuanto he referido no es sino lo que usted vivió aquí, en estos tres centros, pero sin ello nada de lo que hoy somos habría sido posible. Sin usted no hubiera habido sueño; sin sueño, proyecto; sin proyecto, institución; y sin institución, familia.
Hoy su sueño ya no es sueño, sino obra viva; no es promesa, sino realidad en marcha; es el puzle del que todos nosotros formamos parte: alumnos y profesores, padres y personal no docente, antiguos, presentes y aún futuros. Todos somos custodios del legado que usted nos confió con su partida.
Firmado,
María, heredera y testigo de los sueños que usted sembró.
En cumplimiento de lo dispuesto en el Reglamento General de Protección de Datos 2016/679 y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantías de los derechos digitales, se le informa que sus datos serán utilizados por AMPA TREBOL y el colegio JUAN XXIII-CHANA para la gestión administrativa de los mismos. Los datos proporcionados no se cederán a terceros salvo en los casos en que exista una obligación legal, y se conservarán mientras se mantenga la relación de gestión o durante los años necesarios para cumplir con
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Rellenar el impreso que se facilita con la matrícula (o descargarlo en PDF) y entregarlo junto con el recibo bancario del pago, en la secretaría del centro o en el correo electrónico [email protected].
El pago de la cuota única anual por familia (independientemente del número de hijos), será de 25€ y se realizará mediante transferencia bancaria en el Banco Santander en el nº de cuenta ES56 0075 1319 47 0600054052.
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Lili Z. says:
Esta bien 👍
joel lopez says:
ojala sigan subiendo mas contenido para estudiantes y para investigarlo
Juan XXIII Chana says:
Así será, Joel. Poco a poco. 🙂 ¡Un saludo!