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Periodo de adaptación de 3 años: cómo son los primeros días de colegio

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En este artículo

El primer día de colegio de un niño de tres años tiene dos versiones. La que se cuenta después, con la foto de la mochila enorme en la puerta de casa. Y la de verdad: el llanto agarrado a vuestra pierna, el maestro o la maestra que se lo lleva en brazos, y vosotros saliendo del centro con un nudo en el estómago preguntándoos si habéis hecho bien.

Ese tránsito se llama periodo de adaptación, y en Andalucía tiene además una norma que lo regula, con detalles que sorprenden a muchas familias: no es automático para toda la clase, dura como máximo dos semanas y se decide de común acuerdo con vosotros. En este artículo os contamos qué dice exactamente la normativa, cómo suele organizarse en la práctica, qué conviene preguntar en vuestro colegio y qué podéis hacer en casa para que esos primeros días vayan mejor.

Qué es el periodo de adaptación

Es el tiempo que se da al niño o la niña que llega por primera vez al colegio para que asuma un cambio que, visto desde su altura, es enorme: un espacio desconocido, veinte niños que no conoce, unos adultos nuevos, unas rutinas distintas y, sobre todo, la ausencia de sus figuras de referencia durante varias horas seguidas.

No consiste solo en acostumbrarse a un horario. La propia Administración lo describe como el proceso por el que el alumnado acepta el nuevo espacio, conoce los materiales que lo rodean, asume las rutinas del centro y establece vínculos afectivos con el profesorado y con el resto del grupo. Es decir: no se mide en días, se mide en confianza.

Qué dice la normativa en Andalucía

Aquí es donde conviene ir a la fuente, porque circula mucha información confusa. En Andalucía el marco lo fija el Decreto 301/2009, de 14 de julio, que regula el calendario y la jornada escolar, y lo desarrolla la Instrucción 11/2018, de 3 de septiembre, de la Dirección General de Ordenación Educativa. La norma habla de «periodo de horario flexible» y se aplica tanto a los centros públicos como a los privados concertados.

No se aplica a toda la clase por defecto

Es el punto que más sorprende. La Instrucción dice literalmente que la aplicación del horario flexible «en ningún caso se adoptará de manera generalizada para todo el alumnado», sino que se llevará a cabo de forma singularizada para el niño o la niña que se incorpora por primera vez al centro y que lo precise por presentar dificultades para su integración.

Dicho de otro modo: no es un rito colectivo por el que pasan todos, sino una medida pensada para quien la necesita. Un niño que entra sin dificultad puede hacer jornada completa desde el primer día.

Dura dos semanas como máximo

El periodo empieza el mismo día en que comienzan las clases del segundo ciclo de Infantil según el calendario escolar provincial, y su duración máxima es de dos semanas. Pasado ese plazo, la norma es tajante: el horario de la totalidad del alumnado debe ser el establecido con carácter general.

Se decide con vosotros, no sobre vosotros

El marco general lo aprueba el Consejo Escolar del centro. Pero la decisión sobre un niño concreto corresponde al profesorado que ejerce la tutoría, que valora si conviene aplicar la flexibilización y la adopta de común acuerdo con los padres, madres o personas que ejerzan la tutela. Y el centro está obligado a informar a las familias de cómo se está aplicando.

Para tomar esa decisión se puede tener en cuenta, si existe, el informe de evaluación individualizado del primer ciclo de Infantil, es decir, el que vendría de la escuela infantil o de la guardería. Y en el caso del alumnado con necesidades educativas especiales, la flexibilización se adapta a la atención específica que requiera y a lo que recoja su dictamen de escolarización.

Por qué divide a familias y docentes

Conviene decirlo abiertamente: el periodo de adaptación no cuenta con un consenso unánime, y las familias tenéis motivos legítimos para vuestras dudas.

Del lado de las reticencias está lo evidente: una entrada escalonada complica la conciliación. Quien trabaja a jornada completa no puede recoger a su hijo a las once durante días, y no siempre hay abuelos disponibles. También se argumenta que alargar la despedida puede prolongar el malestar en lugar de resolverlo, y que muchos niños que vienen de escuela infantil ya están perfectamente habituados a separarse.

Del lado contrario, la experiencia de las aulas es que una incorporación brusca en un grupo de veintitantos niños de tres años, todos estrenando colegio a la vez, satura tanto al alumnado como al profesorado, y que unos días de transición evitan semanas de dificultades posteriores.

La norma andaluza, en realidad, ya responde a esa tensión: al no ser generalizada y decidirse caso por caso con la familia, un niño que no lo necesita no tiene por qué pasar por ella. Si vuestra situación laboral hace inviable un horario reducido, es exactamente el tipo de circunstancia que hay que hablar con el tutor o la tutora, no sufrir en silencio.

Cómo se organiza en la práctica

Dentro del marco anterior, cada centro concreta el cómo en función de su proyecto educativo, sus instalaciones y el número de aulas de tres años. Estas son las fórmulas más habituales, y conviene conocerlas para saber qué preguntar.

Ampliación progresiva del horario

La más extendida. El niño empieza quedándose un rato corto y cada día permanece un poco más, hasta llegar a la jornada completa. La norma habla precisamente de una «ampliación gradual y progresiva del tiempo de permanencia».

Entrada escalonada por grupos

La clase se divide en subgrupos que acuden en franjas distintas durante los primeros días. Así el docente atiende a ocho o diez niños en vez de a veintidós, y puede dedicar tiempo a cada uno. Los grupos se van juntando conforme avanzan los días.

Con o sin familias dentro del aula

Hay centros que permiten a las familias acompañar dentro del aula los primeros días, otros que hacen la despedida en la puerta desde el principio, y otros que combinan ambas cosas. No hay una fórmula única mejor: depende del espacio, del grupo y del criterio pedagógico del centro.

Reunión previa con el tutor o la tutora

Muchos colegios convocan una reunión con las familias de tres años antes del primer día, en junio o en los primeros días de septiembre, para explicar cómo será la incorporación y recoger información de cada niño. Algunos organizan además una visita al aula con los peques, para que el primer día no sea la primera vez que pisan el edificio.

Qué preguntar en vuestro colegio

Como acabáis de ver, la parte concreta varía de un centro a otro. Estas son las preguntas que merece la pena hacer, y cuanto antes mejor:

  • ¿Qué ha aprobado el Consejo Escolar para este curso?
  • ¿Cómo se organizan los primeros días: por grupos, por tramos horarios, ambas cosas?
  • ¿Qué horario concreto tendría mi hijo cada día?
  • ¿Podemos entrar al aula o la despedida es en la puerta?
  • Si por trabajo no podemos asumir un horario reducido, ¿qué alternativas hay?
  • ¿Cómo y cuándo nos informaréis de cómo va la adaptación?
  • ¿Qué tiene que llevar al colegio y cómo debe ir marcado?
  • ¿Puede traer un objeto de apego los primeros días?
  • ¿Hay servicio de comedor desde el primer día o se incorpora después?

Cómo prepararlo antes del primer día

Las semanas previas dan mucho margen, y casi todo lo que ayuda es rutina, no discurso:

  • Ajustad los horarios con antelación. Adelantar la hora de acostarse y la de las comidas una o dos semanas antes evita que el cansancio se sume al cambio.
  • Hablad del colegio en positivo y sin exagerar. Ni «te va a encantar todo» ni «ya verás qué mayor eres». Contadle qué va a pasar, en orden y con naturalidad.
  • Pasad por delante del centro y enseñadle la puerta por la que entrará. Lo conocido asusta menos.
  • Trabajad la autonomía básica: quitarse el abrigo, subirse el pantalón, avisar cuando quiere ir al baño, comer solo. Cada cosa que ya sabe hacer es una preocupación menos.
  • Marcad la ropa y las cosas con su nombre, y elegid prendas fáciles de poner y quitar. Los cinturones y los botones pequeños son enemigos de la autonomía.
  • Evitad encadenar cambios. Si podéis, no coincidáis el inicio del colegio con quitar el pañal, cambiar de habitación o la llegada de un hermano.

Los primeros días: qué hacer y qué evitar

La despedida es el momento crítico, y ahí unos pocos hábitos marcan la diferencia:

  • Despedíos siempre, y corto. Un beso, «vuelvo a buscarte después de comer» y os vais. Alargar la despedida no la hace más fácil: la hace más larga.
  • Nunca os marchéis a escondidas. Es tentador aprovechar un descuido, pero enseña al niño que podéis desaparecer sin aviso, y eso empeora la ansiedad de los días siguientes.
  • Nada de chantaje ni de mentiras. Ni «no llores, que mamá se pone triste», ni «ahora vengo» si no vais a volver hasta las dos.
  • Sed puntuales al recoger. Cumplir lo prometido es lo que construye la confianza de que volvéis.
  • Que le lleve y le recoja, si podéis, la misma persona los primeros días.
  • No lo interroguéis a la salida. «¿Qué has hecho?» suele obtener un «nada». Es mejor esperar a que cuente y preguntar por detalles concretos más tarde.
  • Gestionad vuestra propia angustia lejos de él. Los niños de tres años leen el estado emocional de sus padres con una precisión asombrosa. Si vosotros transmitís que el colegio es un lugar seguro, el mensaje llega.

Qué es normal y qué merece una conversación

Durante las primeras semanas es habitual, y no significa que algo vaya mal, que aparezcan llantos en la despedida que cesan a los pocos minutos, más cansancio e irritabilidad por la tarde, algún retroceso pasajero en el control de esfínteres o en el sueño, menos apetito, o que diga que no quiere ir aunque luego entre tan contento.

Conviene hablarlo con el tutor o la tutora si, pasadas varias semanas, el llanto no remite en absoluto, si el rechazo al colegio se intensifica en lugar de suavizarse, si aparecen síntomas físicos recurrentes como dolores de tripa o vómitos justo antes de entrar, si hay un retroceso importante y sostenido en aprendizajes ya adquiridos, o si no establece ninguna relación con otros niños al cabo de un tiempo. Nada de esto es alarmante por sí solo, pero sí merece que lo miréis juntos. Si el rechazo persiste más allá de la adaptación, os puede interesar nuestro artículo sobre qué hacer cuando un niño llora todos los días para ir al colegio.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio el periodo de adaptación?

No para todo el alumnado. La normativa andaluza establece expresamente que no se adopte de forma generalizada, sino de manera individualizada para quien lo necesite, y siempre de común acuerdo con la familia.

Mi hijo ha ido a guardería, ¿también lo necesita?

Probablemente menos, porque ya ha vivido la separación y las rutinas de grupo. De hecho, la norma permite tener en cuenta el informe de evaluación del primer ciclo de Infantil para decidirlo. Pero el colegio es un entorno nuevo, así que conviene hablarlo con el tutor o la tutora en lugar de darlo por hecho.

Trabajo a jornada completa y no puedo recogerlo antes. ¿Qué hago?

Decirlo cuanto antes, y decírselo al tutor o a la tutora. Precisamente porque la medida se adopta de común acuerdo con las familias y solo para quien la precisa, vuestra situación es un factor a considerar. Callarse y arreglarse como se pueda no ayuda a nadie.

¿Puede llevar un chupete o un peluche?

Depende de cada centro. Los objetos de apego cumplen una función real de seguridad en estas edades, pero también generan conflictos entre niños y pueden perderse. Es una de las preguntas que conviene hacer antes de empezar.

Llora todos los días al entrar. ¿Debería preocuparme?

En las primeras semanas, no necesariamente, sobre todo si el docente os cuenta que se calma poco después de que os vayáis. Lo que orienta no es el llanto en sí, sino si va disminuyendo con el tiempo y cómo está el resto de la jornada.

En conclusión

El periodo de adaptación no es un trámite ni un capricho pedagógico: es el reconocimiento de que empezar el colegio a los tres años es un cambio grande y de que cada niño lo afronta a su ritmo. En Andalucía, además, está pensado con bastante sensatez: individualizado, limitado a dos semanas y decidido junto a la familia.

Lo que mejor funciona es lo menos espectacular: rutinas preparadas con tiempo, despedidas cortas y sinceras, puntualidad al recoger y comunicación fluida con el tutor o la tutora. Y si algo no encaja con vuestra situación, decirlo. Vuestro colegio es el único que puede daros los detalles concretos de cómo lo organiza este curso, así que preguntad sin reparos: para eso está.

Si tenéis cualquier duda, recordad que podéis contactarnos mediante el formulario de contacto más abajo.

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